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Poeta
Lo asedia la luz en el asombro del fulgor el poeta se sumerge en las tinieblas sobrevive entre escombros resiste las asperezas del día la súbdita vulgaridad de la ignorancia los cuchillos el vejamen feroz de la razón El amor lo rescata del abismo sacude el polvo de sus atavíos lo convida al ágape lo aproxima al templo de los poderosos le otorga efímeros odres cálidas sangres de otros cuerpos voces musicales miradas tenues y profundas. Sabio, el amor, lo deja en el encanto hasta el nuevo derrumbe en el eterno sacrificio de la luz.
De Bajo la Vieja Ceiba (1988)
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